Tu Inteligencia Artificial no debería empezar de cero cada vez que le hablas
Hay algo que veo constantemente cuando hablo con empresarios, asesores inmobiliarios y profesionales que ya utilizan Inteligencia Artificial.
Abren ChatGPT y escriben:
“Hazme un mensaje para este cliente.”
“Prepárame una publicación para Instagram.”
“¿Cómo le doy seguimiento a un prospecto que no me contesta?”
“Escríbeme un correo para vender este producto.”
La Inteligencia Artificial responde.
A veces bastante bien.
Copian el resultado, cierran la conversación y siguen con su día.
Al día siguiente vuelven a abrirla y empiezan otra vez.
Y ahí está, en mi opinión, uno de los mayores errores que estamos cometiendo con la Inteligencia Artificial.
La estamos obligando a empezar de cero cada vez que hablamos con ella.
Es como contratar a un nuevo colaborador todos los días.
Le explicas rápidamente lo que necesitas, esperas que entienda tu negocio en treinta segundos, le pides un resultado extraordinario y, cuando termina, borras prácticamente todo lo que aprendió sobre ti.
Después nos sorprendemos porque las respuestas parecen genéricas.
El problema muchas veces no es la Inteligencia Artificial.
El problema es que nunca le hemos enseñado quiénes somos.
Dos personas pueden utilizar la misma IA y obtener resultados completamente diferentes

Esto me parece fundamental entenderlo.
Imagina dos asesores inmobiliarios utilizando exactamente la misma herramienta.
Los dos tienen ChatGPT.
Los dos utilizan la misma versión.
Los dos incluso podrían escribir el mismo prompt:
“Prepárame un seguimiento para un cliente interesado en comprar un departamento de inversión.”
Uno recibe un mensaje relativamente genérico.
El otro recibe algo que parece escrito por alguien que conoce perfectamente su negocio, su manera de comunicarse, el tipo de cliente al que vende y hasta la forma en la que acostumbra manejar una objeción.
¿Qué cambió?
No necesariamente el prompt.
Cambió todo lo que la Inteligencia Artificial sabía antes de recibirlo.
Y esta diferencia se va a volver cada vez más importante.
Porque estamos entrando en una etapa en la que saber utilizar Inteligencia Artificial ya no será una ventaja extraordinaria.
Millones de personas ya la utilizan.
La verdadera ventaja estará en cómo la entrenas para trabajar contigo.
Antes de pedirle resultados, preséntate
Piensa por un momento en lo que ocurre cuando una persona entra a trabajar a tu empresa.
No debería llegar el lunes por la mañana y cinco minutos después estar hablando con tus mejores clientes.
Primero necesita entender ciertas cosas.
¿Qué hace la empresa?
¿Qué vende?
¿Quién es el cliente?
¿Qué problema resolvemos?
¿Cómo hablamos con nuestros clientes?
¿Qué nos diferencia?
¿Cuáles son nuestros productos?
¿Qué cosas nunca prometemos?
¿Cómo hacemos seguimiento?
¿Qué objetivos tenemos?
¿Qué significa para nosotros hacer bien el trabajo?
A ese proceso normalmente lo llamamos onboarding.
Entonces tengo una pregunta:
¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestra Inteligencia Artificial?
Queremos que nos ayude a vender, escribir, analizar, organizar, crear contenido y tomar mejores decisiones...
pero muchas veces no le hemos explicado ni siquiera quiénes somos.
Ahí empezaría yo.
No con cien prompts.
Con una conversación.
Tu IA debería conocerte profesionalmente
Si mañana quisieras convertir la Inteligencia Artificial en una verdadera herramienta de trabajo, empezaría dándole contexto sobre ti.
Quién eres.
Qué haces.
Cuántos años llevas haciéndolo.
Qué vendes.
Quién es tu cliente ideal.
Cómo es tu proceso comercial.
Cuáles son las objeciones que recibes.
Qué tono utilizas.
Qué tipo de contenido publicas.
Qué objetivos tienes.
Qué errores quieres evitar.
Qué valores no estás dispuesto a negociar.
En mi caso, por ejemplo, no me serviría una Inteligencia Artificial que simplemente supiera que trabajo en bienes raíces.
Necesitaría entender mi experiencia, cómo pienso sobre las inversiones, cómo vendo, cómo trabajo con brokers, cómo comunico, cómo construyo mi marca personal y qué tipo de relación quiero tener con mis clientes.
Porque “trabajo en bienes raíces” dice muy poco sobre cómo trabajo realmente.
Y esto aplica prácticamente a cualquier profesión.
Un abogado corporativo y un abogado familiar pueden utilizar la misma IA, pero necesitan contextos completamente diferentes.
Lo mismo ocurre con un médico, un arquitecto, un entrenador, un empresario o un vendedor.
La herramienta puede ser la misma.
El conocimiento que le damos sobre nosotros no debería serlo.
No necesitas escribir una autobiografía
Aquí muchas personas complican innecesariamente las cosas.
Piensan que “entrenar” a la Inteligencia Artificial significa preparar un documento de cincuenta páginas.
No necesariamente.
Puedes empezar simplemente hablando con ella.
De hecho, hay una instrucción extremadamente sencilla que me gusta:
“Quiero que me conozcas mejor profesionalmente para que puedas ayudarme en mi trabajo. Hazme las preguntas que necesites sobre mí, mi negocio, mis clientes, mis objetivos y mi forma de trabajar. Hazme una pregunta a la vez.”
Y entonces contestas.
Una pregunta.
Otra.
Otra.
Probablemente durante esa conversación tú mismo vas a descubrir cosas sobre tu negocio que nunca habías definido con claridad.
Porque para enseñarle a alguien cómo trabajas, primero necesitas entender cómo trabajas tú.
Y eso tiene muchísimo valor.
Después viene la segunda capa: enséñale cómo trabajas

Saber quién eres es solamente el principio.
La siguiente pregunta es:
¿Cómo haces las cosas?
Aquí es donde la Inteligencia Artificial puede empezar a convertirse realmente en una extensión de tu experiencia.
Si eres vendedor, puedes explicarle cómo haces seguimiento.
Si eres empresario, cómo analizas una oportunidad.
Si eres creador de contenido, qué publicaciones representan tu voz y cuáles no.
Si eres asesor inmobiliario, cómo presentas una propiedad, cómo calificas un prospecto, qué preguntas haces antes de recomendar una inversión y cómo manejas las objeciones.
Incluso puedes darle ejemplos reales.
“Este mensaje sí representa cómo hablo.”
“Este no.”
“Cuando un cliente me dice esto, normalmente respondo de esta manera.”
“Estas son las cinco preguntas que siempre hago antes de recomendar una propiedad.”
“Estos son ejemplos de publicaciones que me gustaron.”
Cada corrección es información.
Cada ejemplo es contexto.
Cada conversación puede ayudar a que el siguiente resultado sea mejor.
Por eso creo que tenemos que dejar de pensar únicamente en preguntarle cosas a la IA y empezar a pensar en enseñarle cosas a la IA.
Es un cambio pequeño de palabras.
Pero enorme en la manera de utilizarla.
Un buen prompt ayuda. El contexto multiplica el prompt.
Hace poco escribí precisamente sobre el error de utilizar la Inteligencia Artificial como si fuera Google.
Y sigo pensando lo mismo.
Google nos acostumbró a una dinámica muy concreta:
Pregunto.
Encuentro.
Me voy.
Pero la Inteligencia Artificial permite algo diferente.
Podemos conversar.
Corregir.
Profundizar.
Dar ejemplos.
Construir contexto.
Iterar.
Por supuesto que saber escribir buenas instrucciones importa.
Pero puedes tener el mejor prompt del mundo y, si la IA no entiende tu contexto, seguirá faltándole una parte importante.
Por eso muchas veces, antes de escribir un prompt más sofisticado, vale la pena preguntarnos:
¿Qué necesitaría saber alguien sobre mí para hacer extraordinariamente bien este trabajo?
Después dale esa información.
El seguimiento de clientes es un ejemplo perfecto

Pensemos en algo tan cotidiano como dar seguimiento a un prospecto.
Puedes pedir:
“Escribe un WhatsApp para darle seguimiento.”
Y seguramente obtendrás algo correcto.
Pero ahora imagina que la IA sabe:
qué producto vendes,
qué buscaba ese cliente,
cuándo fue la última conversación,
qué objeción tuvo,
qué propiedades ya vio,
cuál es su presupuesto,
qué tono utilizas,
qué quieres conseguir con el siguiente contacto,
y qué tipo de seguimiento quieres evitar.
Ya no estamos hablando del mismo mensaje.
Y aquí está una de las cosas que más me interesan de esta tecnología:
la Inteligencia Artificial puede ayudarnos a personalizar sin obligarnos a empezar de cero cada vez.
Esto puede aplicarse al seguimiento, pero también a contenido, correos, propuestas comerciales, preparación de reuniones, análisis, capacitación y prácticamente cualquier actividad basada en información.
Lo mismo ocurre con tus redes sociales
Muchas personas le dicen:
“Hazme cinco posts para Instagram.”
Y después se quejan de que parecen escritos por Inteligencia Artificial.
Normal.
La herramienta sabe muy poco de ellos.
¿Qué piensas?
¿Qué historias has vivido?
¿Qué opiniones tienes que quizá sean diferentes de las de tu industria?
¿Qué palabras utilizas?
¿Cuáles nunca utilizarías?
¿Qué quieres que piense una persona después de consumir tu contenido durante seis meses?
La marca personal no puede construirse únicamente con prompts.
Necesita identidad.
Y la Inteligencia Artificial puede ayudarte muchísimo a amplificar esa identidad.
Pero primero tiene que conocerla.
La IA no debería sustituir tu voz. Debería aprender a ayudarte a expresarla mejor.
No delegues tu cerebro
También quiero hacer una precisión porque para mí es importante.
Nada de esto significa entregarle todas nuestras decisiones a una máquina.
Yo llevo más de veinte años haciendo negocios.
Esa experiencia, los errores, las negociaciones, las personas que conocí, las empresas que construí, las inversiones buenas y las malas decisiones forman una manera de pensar.
No quiero que la Inteligencia Artificial sustituya eso.
Quiero exactamente lo contrario.
Quiero que me ayude a multiplicarlo.
Que me permita trabajar más rápido.
Organizar mejor información.
Analizar alternativas.
Crear primeras versiones.
Detectar cosas que quizá no había considerado.
Liberar tiempo de tareas repetitivas para dedicarlo a aquello donde mi experiencia realmente importa.
Para mí, esa es una de las grandes oportunidades.
No convertirnos en personas que piensan menos porque existe Inteligencia Artificial.
Sino en personas que pueden utilizar mejor su conocimiento porque tienen una herramienta capaz de trabajar con ellas.
De una herramienta a un equipo digital
Cuando empiezas a trabajar de esta manera ocurre algo interesante.
Dejas de pensar:
“¿Qué le puedo preguntar hoy a ChatGPT?”
Y empiezas a pensar:
“¿Qué parte de mi trabajo podría hacer mejor con Inteligencia Artificial?”
Ahí cambia todo.
Puedes tenerla ayudándote con seguimiento.
Con contenido.
Con investigación.
Con preparación de reuniones.
Con análisis.
Con servicio al cliente.
Con capacitación.
Con procesos internos.
Con organización.
No necesariamente haciendo todo sola.
Sino trabajando contigo.
Y cuanto mejor entiende tu negocio, mejores pueden ser esas colaboraciones.
En mi libro IA GRATIS hablo precisamente de esta idea: no necesitamos convertirnos en ingenieros ni aprender a hablar como máquinas.
Necesitamos aprender a incorporar la Inteligencia Artificial a nuestro trabajo cotidiano de una manera práctica.
Porque la oportunidad no está en coleccionar prompts.
Está en construir una nueva forma de trabajar.
Haz esta prueba hoy
Abre la Inteligencia Artificial que utilizas normalmente.
Pero esta vez no le pidas que haga nada.
Dile:
“Quiero que te conviertas en un mejor asistente para mi trabajo. Antes de ayudarme, quiero que entiendas quién soy, qué hago, cómo trabajo, quiénes son mis clientes y qué quiero conseguir. Hazme las preguntas necesarias, una por una.”
Y contesta.
Sin intentar terminar en cinco minutos.
Cuando termine, pídele:
“Con todo lo que acabas de aprender sobre mí, dime qué información adicional necesitarías conocer para ayudarme mejor en ventas, seguimiento, contenido y productividad.”
Probablemente esa conversación sea más valiosa que descargar otros cincuenta prompts de Internet.
Porque esos prompts fueron escritos para todo el mundo.
Este contexto será tuyo.
Tu ventaja no será tener Inteligencia Artificial. Será tener una Inteligencia Artificial que te conozca.
Dentro de poco decir “yo utilizo IA” tendrá aproximadamente el mismo valor que decir “yo utilizo Internet”.
Será normal.
La diferencia estará en la profundidad con la que cada persona haya conseguido integrarla a su manera de trabajar.
Algunos seguirán abriendo una ventana, haciendo una pregunta y cerrándola.
Otros construirán contexto, procesos y formas de trabajo donde la Inteligencia Artificial comprenda cada vez mejor qué necesitan.
Y creo que ahí estará una parte importante de la ventaja.
No en tener acceso a una tecnología diferente.
Sino en utilizar de manera diferente una tecnología a la que todos tienen acceso.
La próxima vez que abras ChatGPT, antes de preguntarle algo, hazte otra pregunta:
¿Estoy hablando con una herramienta que apenas conoce mi pregunta… o con una herramienta a la que estoy enseñando a conocerme?
Porque tu Inteligencia Artificial no debería empezar de cero cada vez que le hablas.
Y tú tampoco deberías tener que empezar de cero cada vez que trabajas con ella.
¿Quieres verlo paso a paso?

Esta semana di una clase práctica en la que explico cómo empezar a trabajar con Inteligencia Artificial de esta manera y cómo llevarla después a situaciones reales de trabajo.
Si después de leer este artículo quieres ver cómo hacerlo paso a paso, preparé el video completo de la clase.
Leer sobre Inteligencia Artificial puede darte ideas.
Ver cómo se utiliza y empezar a aplicarla es lo que puede cambiar tu manera de trabajar.





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