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Cómo tomar decisiones sin dejarte llevar por las emociones


Tomar decisiones es algo que hacemos todos los días: desde elegir qué comer hasta decidir un cambio importante en la vida o en el trabajo. El problema aparece cuando dejamos que la emoción del momento tome el control. Muchas veces la emoción esta ligada a un experiencia negativa del pasado, un patrón o una creencia limitante y por esto condicionara nuestra decisión. Aunque sentir es parte natural del ser humano, las decisiones basadas solo en impulsos pueden llevarnos a arrepentimientos.


Aquí van algunos consejos para decidir con más claridad y menos precipitación:


1. Respira antes de responder

Cuando una decisión llega de repente, la primera reacción suele ser emocional: miedo, entusiasmo, enojo o ansiedad. Tomarte unos minutos (o incluso unas horas) para calmarte puede marcar la diferencia entre reaccionar y decidir.


2. Separa el hecho de la emoción

Pregúntate:

  • ¿Qué está pasando en realidad?

  • ¿Qué siento respecto a lo que está pasando?

Al distinguir los hechos de las emociones, reduces el riesgo de tomar una decisión impulsiva.


3. Piensa en el largo plazo

Una buena forma de ganar perspectiva es imaginar cómo te sentirás dentro de un mes o un año con esa decisión. ¿Seguirá teniendo sentido o solo era algo que respondía a un momento puntual?


4. Haz una lista de pros y contras

Aunque suene básico, poner los puntos sobre papel ayuda a ver con más objetividad. Muchas veces lo que parece enorme en la mente, se ve más manejable escrito.


5. Pide consejo, pero a las personas adecuadas

Buscar la opinión de alguien externo puede ser de gran ayuda, pero no todos los consejos tienen el mismo valor. Si vas a pedir orientación, asegúrate de hacerlo con personas que tengan experiencia probada en el área en la que necesitas decidir.

Por ejemplo:

  • Si estás por tomar una decisión financiera, consulta con alguien que tenga conocimientos sólidos en economía o inversión, no con quien solo da opiniones generales.

  • Si se trata de una decisión profesional, habla con alguien que haya recorrido un camino similar al que quieres seguir, alguien que pueda hablar desde la práctica y no solo desde la teoría.

  • Para temas personales o emocionales, una persona con formación en psicología, coaching o que haya pasado por una experiencia parecida, puede ofrecer perspectivas más valiosas que alguien sin contexto.


Esto no significa ignorar a familiares o amigos cercanos, pero sí entender que sus consejos pueden estar más cargados de cariño, protección o incluso miedo, que de verdadera objetividad. Elige a tus consejeros con criterio.

Busca personas que ya hayan enfrentado y resuelto situaciones parecidas a la tuya, porque sus aprendizajes reales serán un mapa mucho más confiable para guiar tus decisiones.


6. Acepta que no hay decisiones perfectas

Parte del miedo a decidir viene de querer tener certeza total. La realidad es que toda elección implica un grado de riesgo. Entender esto te permite decidir con mayor serenidad y menos parálisis.



En fin, decidir no es eliminar la emoción, sino aprender a equilibrarla con la razón. La emoción puede darte energía y motivación, pero la claridad se logra cuando tomas un paso atrás, reflexionas y actúas con consciencia. Recuerda: en la vida todo lo bueno es equilibrio.

 
 
 

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